FIZ 2025: Zaragoza volvió a bailar en la Multiusos
El pasado sábado 27 de septiembre la Sala Multiusos se convirtió en un hervidero. Más de cuatro mil personas acudieron a una nueva edición del Festival Independiente de Zaragoza, dispuestas a dejarse atrapar por un cartel que jugaba con contrastes: frescura juvenil, sensibilidad a flor de piel y la fuerza de veteranos que ya son parte de la historia del indie.
Desde los primeros minutos el ambiente era eléctrico. Multipla rompió el hielo con un arranque decidido, demostrando que el indie local tiene mucho que decir. La sala empezaba a calentar motores cuando irrumpieron Niña Polaca, que supieron encender la chispa con un repertorio plagado de canciones coreadas a pleno pulmón, como si fueran viejos clásicos. El público ya estaba dentro de la dinámica de la noche: saltos, sonrisas y la certeza de que el festival arrancaba con buen pie.
El cambio de atmósfera llegó con Amaia, capaz de girar la energía de miles de personas con apenas un par de notas. Hubo momentos de fragilidad absoluta, como cuando se quedó sola con un arpa y consiguió un silencio casi reverencial, y otros donde el pulso se aceleró con melodías más luminosas. Fue un concierto de contrastes, de vulnerabilidad y de fuerza, que dejó a la Multiusos flotando en una burbuja emocional.
La burbuja explotó con la entrada de Dorian, viejos conocidos del FIZ que saben cómo jugar con los tiempos. Presentaron temas de su nuevo disco, pero el clímax llegó con los inevitables clásicos: “Tormenta de arena” y “A cualquier otra parte” se convirtieron en gritos colectivos, en ese tipo de momentos que definen a un festival y quedan grabados en la memoria. Fue un viaje entre la nostalgia y la vigencia, una demostración de que su conexión con el público sigue intacta.
El desenfreno tomó forma con Ladilla Rusa, que transformaron el recinto en una verbena descarada. Bailes, ironía y letras sin filtro pusieron patas arriba a la Multiusos, dejando paso a un cierre incendiario con Rocket DJ, encargado de mantener la llama hasta la madrugada. En paralelo, el FIZ Club ofreció una alternativa más underground, con DJs locales como Zoe, DrizzyClare o Rialto, que reforzaron el espíritu diverso del festival.
El FIZ 2025 fue una mezcla de emociones y estilos, de delicadeza y caos, de himnos colectivos y descubrimientos. Más allá de la música, lo que quedó fue la sensación de comunidad: desconocidos abrazándose, cantando como si no hubiera un mañana y celebrando que, por una noche más, Zaragoza volvió a ser capital de la música independiente.














